Nuestro paso por Cataluña

Nuestra vuelta al mundo en bicicleta empezó en el mismo lugar que un día nos vio nacer: Cataluña. Nuestra etapa viajando por Cataluña en dirección a Francia fue corta pero decisiva. Era la etapa que se suponía que tenía que ser más fácil, pues nos movíamos en un entorno conocido, tanto por el idioma como por las costumbres. No obstante, resultó un desafío para nosotros, ya que representó la primera toma de contacto con la vida nómada. Ya habíamos hecho alguna prueba hasta entonces sobre la bicicleta, algún viaje cicloturista de 5 días para probar todo el material, pero ahora era diferente, ahora era para siempre, o por lo menos para una larga temporada.

Como era de esperar, al principio cometimos algunos errores de novatos. Acostumbrados a una vida urbanita en la que ni siquiera nos molestábamos a mirar la previsión del tiempo, la vida nómada suponía estar atentos de muchos factores básicos a los que nunca antes habíamos dado importancia, como el agua. El principal desafío al que nos enfrentábamos en Agosto era el calor. Pedalear en las horas centrales del día se volvía una misión casi imposible, no sólo por la incomodidad obvia, sino principalmente por el agua potable. Os aseguramos que a 40ºC pedeleando por el asfalto ésta se vuelve el bien más preciado de todos. Nos bebíamos un litro de agua cada uno en menos de 30 minutos, aunque fuera caliente. Así que buscar puntos de agua potable se volvió nuestra prioridad. A raíz de esto, aprendimos ciertas cosas: como que en los cementerios siempre hay agua, o como que en los McDonalds normalmente el agua del lavabo está caliente (suponemos que para que tengas que consumir). 

La salida de Cataluña fue rápida: queríamos llegar cuanto antes al norte para llegar a los Alpes antes de que aparecieran las primeras nevadas. Fue una etapa dura, un intensivo de aprendizaje sobre cicloturismo a base de golpes, pero también a veces a base de agradables sorpresas. Sorpresas con nombres y apellidos. Nos referimos a las primeras personas que nos cedieron su hogar para resguardarnos de la noche y de la carretera, como la familia de un pequeño pueblecito de Girona, o Jordi, un apasionado padre enamorado de sus hijas, que nos acogieron en sus casas y que consiguieron despejar de nuestra cabeza uno de los temores que más nos inquietaba hasta entonces: no estaríamos solos.

Cerca de Girona este amable matrimonio nos dejó poner la tienda de campaña en su jardín y nos preparó un desayuno por la mañana.

En definitiva, salir de Cataluña significó para nosotros el comienzo de una gran aventura, dejar atrás una vida cómoda que conocíamos para lanzarnos de lleno a la aventura sobre ruedas: la vuelta al mundo en bicicleta.

Lo mejor de nuestro paso por Cataluña: El idioma, la comida y las personas

Lo peor de nuestro paso por Cataluña: El calor, la falta de experiencia cicloturista y la cantidad de prostitución y mal ambiente que encontramos en La Jonquera.

El segundo día de la aventura pudimos acampar al lado de un circo en una casa de colonias infantil. 25/07/2017

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