Dejarlo todo e irse a dar la vuelta al mundo

Cuando decidimos dejarlo todo para irnos a dar la vuelta al mundo en bicicleta sabíamos que cuando nos fuéramos de casa nuestra vida cambiaría para siempre. ¿Cómo sería el primer día de nuestra nueva vida nómada? Esa había sido una incógnita para nosotros durante mucho tiempo. Habíamos imaginado tantas veces el momento en el que al fin decidíamos dejarlo todo que teníamos la sensación de que ese día podía pasar cualquier cosa. Aún así había una cosa que sabíamos que iba a suceder: íbamos a ir mal de tiempo. Deseábamos que ese día todo estuviera completamente planificado, pero sabíamos que, como siempre, se nos echaría el tiempo encima. Hay que decir que desde el día en que empezamos a planear viajar por el mundo teníamos un año de margen para predecir imprevistos. Pero era una batalla perdida. Era imposible predecirlos todos.

Según lo predicho, ese día fue un caos. Veréis, somos un desastre con la organización del tiempo. Tanto el uno como el otro, ninguno de los dos se salva. Somos esa clase de personas que llegan tarde a todos lados. A nosotros nos gusta llamarlo “optimismo”. Tenemos una idea muy optimista del tiempo. Siempre pensamos que tenemos de sobras, y siempre nos equivocamos. Efectivamente, el día de nuestra despedida no fue diferente. Hasta el día anterior estuvimos haciendo gestiones, comprando material, despidiéndonos de amigos… y dejamos para último momento lo más importante cuando te vas de viaje: hacer las maletas. O en nuestro caso, las alforjas.

Ya os podréis imaginar lo que pasó. La noche anterior a dejarlo todo e irnos estuvo llena de preparativos: revisar todo el equipaje que nos íbamos a llevar a dar la vuelta al mundo no es cualquier cosa. La verdad es que nos gustaría ser de esa clase de personas que preparan su viaje dos semanas antes de irse, o de las que dejan en la silla del dormitorio la ropa que se van a poner al día siguiente. Pero no lo somos. Así que esa noche no dormimos. Tampoco cenamos ni desayunamos al día siguiente, ya que a las 8:00h de la mañana venía la televisión de Cataluña a grabar nuestra salida. Si queréis ver el vídeo de la noticia podéis verlo aquí.

Óscar haciendo los últimos ajustes al equipaje. 23/7/2017

El 23 de Julio de 2017 fue un día estresante para nosotros. Aún así, cuando al fin cerramos la puerta de nuestra casa sabiendo que no la íbamos a abrir en mucho tiempo, todo el cansancio desapareció y entendimos que ese era el día en que nuestra vida cambiaría para siempre.

Antes de partir hacia lo desconocido, asistimos a un evento que el Ayuntamiento de nuestra ciudad, Sant Boi de Llobregat, organizó para despedirnos. Allí pudimos compartir nuestros últimos momentos con nuestra familia y amigos, y explicarle a nuestro pueblo que no sólo habíamos decidido dejarlo todo y dar la vuelta al mundo por el deseo ardiente de vivir aventuras, sino también por el de intentar dejar una semilla en nuestro camino. Para ello habíamos creado una campaña solidaria junto a la ONG Muévete por los que no pueden llamada” “Héroes necesitan salud”, destinada a crear becas para las terapias de ocho niños con necesidades especiales. Ese día estaban muchos de los niños protagonistas de la campaña que vinieron junto a sus familias a despedirse de nosotros en un día lleno de color y confeti.

La plaza del ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat el día de nuestra salida. 23/07/2017

Y aunque ese día había colorines por todas partes, había una persona para la que todo era de color gris en ese momento: María, la madre de Óscar. Una madre no quiere separarse de sus hijos, y mucho menos decirles adiós sin saber cuándo los volverá a ver, pero para María era todavía más complicado. Hacía menos de un año había perdido a su marido, Manuel, el padre de Óscar, por un cáncer. Aún así, María sabía que cuando uno quiere tomar una decisión y hacer algo, debe hacerlo sin esperar a que se den las condiciones perfectas o, de lo contrario, seguramente no lo acabe haciendo. Así que, con las lágrimas de María en nuestra memoria, salimos por fin de la plaza del ayuntamiento montados ya sobre nuestras bicicletas dispuestos a dar la vuelta al mundo sobre ellas.

Cada vez se alejaban más los sonidos de la ciudad hasta que al final no se escuchó nada más que el silencio. Ese día cada uno de nosotros iba pedaleando con sus pensamientos.

Teníamos un montón de emociones encontradas. Estábamos juntos pero sentíamos que íbamos a estar solos mucho tiempo. La sensación que teníamos es difícil de describir. Ya lo habíamos hecho, ya era una realidad. Habíamo conseguido dejarlo todo para vivir un sueño y ahora nada iba a ser igual. Entre toda esa vorágine de pensamientos se puso a llover. Lo que faltaba. El día se torció. La lluvia nos cogió desprevenidos y no sabíamos dónde acampar. Resguardados debajo de un puente nos sentíamos solos y vulnerables. La llamada de algún familiar advirtiéndonos del peligro que corríamos si dormíamos a la intemperie no ayudó mucho.

Óscar despidiéndose de su madre María. 23/07/2017

Así que estábamos asustados. No queríamos decírnoslo el uno al otro, pero ambos nos preguntábamos: “¿Van a ser todos los días así?” Por supuesto que no, aunque ese día no lo sabíamos. Pero si algo se nos da bien en esta vida es no rendirnos fácilmente. Así que encontramos un lugar donde plantar nuestra tienda de campaña y pasar la noche. Superamos ese día, igual que superamos el siguiente, el siguiente y el de después.

Y así hasta el día de hoy, en el que vivir en ruta se ha vuelto una adicción para nosotros y cuando la pregunta que nos hacemos ahora es: ¿algún día nos detendremos?

Si tú también estás pensando en dejarlo todo y cambiar de vida en este artículo te enseñamos algunos trucos para tomar la decisión . Si quieres también puedes dejarnos un comentario o escribirnos un mensaje privado.

Nosotros resguardándonos de la lluvia debajo de un puente nuestro primer día. 23/07/2017

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