¡Hola! Soy Blanca.

El 29 de agosto de 1992, junto con las olimpiadas de Barcelona, me dio a luz mi maravillosa madre, sin epidural y con un calor aberrante. Tras una infancia feliz protagonizada por Doraemon, Pokemon, Los Simpson y las mochilas “de carrito”, siguió mi adolescencia llena de amores, desamores, amistades, desamistades y también Los Simpson.

Estudié Medios Audiovisuales durante cuatro maravillosos años universitarios. Y cuando acabaron llegó la incertidumbre. ¿Ahora qué? Hasta ahora mi vida había sido algo parecido a conducir un tren en marcha que sigue sus propios raíles sin tener que preocuparme más que de comprobar de vez en cuando que todo fuera correctamente. Y de pronto, el tren seguía en marcha pero ahora la vía se acababa, y tenía que encontrar yo la forma de seguir manteniéndolo a salvo. Busqué lo que se suponía que tenía que buscar: trabajo “de lo mío”, aunque obviamente no apareció sin más. Trabajé durante un tiempo sin cobrar en una televisión local, y después de algún tiempo me hice autónoma para realizar vídeos publicitarios para empresas. La cosa parecía que seguía el curso que debía seguir, aunque en realidad nunca me paré a pensar si realmente debía seguir algún curso.

Blanca con 5 años montada en su primera bicicleta.

El 3 de Septiembre de 2012 fallece prematuramente mi mejor amiga a causa de un cáncer. La verdad, con 20 años te crees que eres invencible. Vives como si fueras a vivir para siempre. Ese día todo cambió. La muerte de Ana, marcó un antes y un después en la forma en la que veía la vida. Aprendí que la vida no siempre es justa, que la muerte llega para todos y para todas, y no siempre te avisa. A veces aparece sin más. Te alcanza por la retaguardia sin darte la opción a reaccionar y entonces: nada. Sencillamente nada. Uno puede esperar que la vida se para cuando un ser querido se va, que el tiempo se detiene, que todo se vuelve gris y que nada puede ser igual que antes. Pero no es así. La vida continúa. El sol vuelve a salir, el supermercado de al lado de tu casa vuelve a abrir a las 9 de la mañana, tú tienes que ir a trabajar a las 10, y el hombre del tiempo sigue dando su pronóstico como si el mundo no hubiese experimentado la más mínima pérdida, el más mínimo cambio. Así de cruel es. O quizá no. Quizá sencillamente no estaba preparada para afrontar la realidad, que la vida no dura eternamente y que cada día podría ser el último,  

Blanca trabajando como voluntaria en Nicaragua

Entonces, después de un año de lamento y pánico a morir, decidí hacer todo lo posible por evitar que, el día que la muerte me llegara, me arrepintiese de no haber sido lo suficientemente valiente como para arriesgarme y hacer con mi vida lo que realmente me hiciera feliz. Fue por eso que empecé a tomar algunas decisiones. Lo primero que hice fue eliminar algunas incongruencias con las que vivía, como la de defender los derechos de los animales y seguir apoyando su maltrato y muerte mientras me los comía. Un día de diciembre de 2014 me hice vegana de un día para el otro. También decidí que quería hacer algo por los demás y ver con mis propios ojos la realidad de personas que no tienen las mismas oportunidades con las que yo crecí. Así que aproveché el dinero que mis padres habían invertido en que fuera a la universidad y aprendiese comunicación audiovisual para hacer un voluntariado fotográfico a terreno. Después de unos meses siendo voluntaria en una ONG, me admitieron para viajar a Nicaragua y trabajar como voluntaria durante un breve período de tiempo. Ese fue el primer contacto con este nuevo estilo de vida.

En toda esta serie de cambios conocí a Óscar, divorciado y siete años mayor que yo, pero sorprendentemente afín a mi. Descubrimos que ambos teníamos las mismas inquietudes: viajar, descubrir el mundo, dejar nuestros trabajos, vivir sin que el dinero fuera el centro de nuestras preocupaciones y desprendernos de los horarios. Nos enamoramos y durante un año, nuestro enamoramiento eclipsó el deseo ardiente que ambos teníamos de dejarlo todo e irnos. Sencillamente, seguimos con el trabajo y con nuestras vidas, sólo que ahora juntos. Llegó un día en que decidimos que algo tenía que cambiar. Nos sentábamos con una pizarra y un montón de rotuladores de colores a organizar cómo podríamos viajar, aunque nunca aparecía la fórmula perfecta. Hasta que un día, a las 9 de la noche de un lunes, Óscar me recibe en casa con una libreta. En la primera página había escrito: “¿Te atreves a escuchar un plan que va a cambiar tu vida para siempre?”. Y en ese preciso instante fue cuando verdaderamente empezó Vivir en ruta.

23/07/2017: Óscar y Blanca saliendo de su ciudad para dar la vuelta al mundo.