Cómo tomar la decisión

Decisiones. Tan difíciles de tomar a veces. Puede parecer que nosotros siempre tuviéramos muy clara la nuestra: dejarlo todo e irnos a dar la vuelta al mundo. Pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que no nos preparan para tomar decisiones ni en la escuela ni a menudo en nuestra casa. La toma de decisiones se vuelve un proceso difícil, incluso a veces angustioso para nuestro cómodo cerebro.

Tomar una decisión implica abandonar otra, es decir, renunciar a otras posibilidades. ¿No? Al menos así es como lo entendíamos nosotros. Y ese era precisamente el mayor miedo que nos retenía inmóviles: el miedo a perder. Porque bueno, atreverse a viajar en bicicleta tampoco parece tan grave. ¿Pero dejarlo todo e irse? ¿Dejar el trabajo estable que tanto te costó conseguir? ¿Tu casa? ¿Tu familia? ¡Incluso tu coche! Por no hablar de tu cama, tu sofá y tu ducha. Ay la ducha…

En definitiva, el cerebro humano tiende a ahorrar energía, y tomar una decisión que cambie radicalmente tu vida seguramente representa un esfuerzo bastante importante para nuestra cabecita mimada. Así que si te encuentras en la misma situación en la que nosotros nos encontrábamos tenemos una buena noticia que darte: ¡Es normal! Tranquilo, esos ataques de pánico aleatorios no van a hacer que te quedes parado. De hecho, seguramente si estás leyendo esto significa que ya has tomado tu decisión, pero tu cerebro necesita argumentos para que acepte que lo lances sin compasión a ese océano de incertidumbre. Así que allá van unos consejos para que tu cabeza acepte tu decisión.

 

1. HAZ UNA LISTA

Puede que te parezca el típico recurso que aparece en las películas americanas, pero funciona. ¡Nosotros adoramos las listas! Así que saca papel y bolígrafo y ponte a escucharte. ¿Qué te dice tu cabeza? Apunta cada duda, pregunta o miedo que te impide tomar tu decisión. Escríbelas todas, no te dejes ninguna por absurda que parezca.

¿Ya tienes tu lista? Bien. Ahora tienes que ponerte en el otro papel. Has dejado que tu “yo” miedoso y rechistón se explayara todo cuánto desease. Le has dado la oportunidad de sacar sus mejores armas. Ahora has de dejar a tu “yo” valiente y audaz que despliegue las suyas. Anota al lado de cada uno de los motivos de tu lista de “cosas malas” la solución para remediarlas. Utiliza la lógica, la imparcialidad. Imagina que te han contratado como consejero profesional, imagina que estás ayudando a otra persona a tomar su decisión, a un amigo. Despliega tu imaginación y tu mentalidad estratégica para responder lo mejor que puedas a todas las inquietudes de tu amigo miedoso. Si una es difícil de responder puedes omitirla y aceptarla como verdadera e inamovible, pero estamos seguros de que encontrarás soluciones a todos los hipotéticos problemas que el cerebro de tu amigo augura.

¿Lo tienes? ¡Genial! Aún no hemos acabado. Ahora coge otra hoja y haz otra lista. En esta lista apunta todo lo bueno que puede traerle a tu amigo esa decisión. Él se ha puesto en lo peor, ahora tú ponte en lo mejor. ¿Qué beneficios podría traer esa decisión consigo? Seguramente habrán algunas que sean lógicas y sencillas, pero recuerda que tu amigo se ha esmerado mucho para darle rienda suelta a su imaginación y ponerse en los peores escenarios posibles. Sería injusto que tu no hicieras lo mismo. ¿No crees?

Cuando tengas tu lista completada reposa un rato, has trabajado mucho y mereces un descanso. ¿Cómo te sientes? Cuando te apetezca, puede ser dentro de un minuto, mañana, la semana que viene, cuando estés preparado, repasa tus listas. ¿Tienen sentido? ¿Sientes que tienes más información que antes?

A menudo no le damos suficiente importancia a hablar con nosotros mismos. Y no nos referimos a que bocifeemos solos por las esquinas como si hubiéramos salido de una película protagonizada por Leonardo DiCaprio, sino a que nos paremos a escucharnos, a dar la importancia que merecen a nuestros pensamientos, miedos o inquietudes. Que nos oigamos y tratemos de darles una respuesta. No los omitas. Tu cerebro te quiere decir cosas, ponerte alerta. Si simplemente oyes lo que tiene que decirte tu amigo miedoso y no le das respuestas acabarás escuchando sólo lo que él tiene que decirte para mantenerlo cómodo y a salvo.

2. OBSERVA A QUIÉN HA TOMADO UNA DECISIÓN IGUAL O PARECIDA

No nos referimos a que cojas unos prismáticos y espíes a tu vecino, sino a que busques referentes. ¿Alguien más ha tomado la misma decisión que tú? Seguramente sí. En este mundo somos demasiados humanos como para tener inquietudes únicas, así que estamos seguros de que alguien más antes que tú se habrá enfrentado a tu mismo dilema. ¡Búscalo! Cualquiera que sea la temática de tu decisión. Si estás pensando en dejarlo todo e irte a dar la vuelta al mundo, busca a personas que lo hayan hecho.

Cuánto más identificado te sientas mejor, pero te aconsejamos que profundices en tu búsqueda. Seguramente no sólo encontrarás personas que han tomado una decisión similar en tus mismas circunstancias, sino incluso en peores. Esto es bueno para tomar perspectiva, obviamente cada persona es un mundo, pero identificarnos con otras personas hace feliz a nuestras cabezas. Piensa en tu madre. Ella siempre te decía que le daba igual que todos tus compañeros de clase también hubieran suspendido. Pero , ¿Crees realmente que no se quedaba más tranquila al sentirse parte de un grupo más amplio de madres con hijos que suspenden el mismo examen? Seguramente sí.

3. RODÉATE DE GENTE QUE QUIERA TOMAR TU MISMA DECISIÓN

No te va a resultar difícil. Hoy en día puedes encontrar a infinidad de personas con tus mismos intereses/inquietudes de diferentes maneras. La más fácil es a través de las redes sociales. Grupos de cicloturismo, viajes, deportes, música… Si los buscas los encontrarás. Atrévete a hablar con sus integrantes. ¿Tienes un ídolo en YouTube que hace lo mismo que tú quieres hacer? Prueba a escribirle un mensaje personal. Pero si no te responde, prueba a hablar con las mismas personas que lo comentan. Te aseguramos que si te rodeas siempre de personas con tus mismos miedos, o simplemente con diferentes intereses tu amigo miedoso va a tener cada vez más motivos para quedarse tal y como está.

Sin embargo, rodearte de personas con tus mismos intereses hará que intensifiques tu ilusión y tus ganas por atreverte a dar el paso. Hará que mantengas el deseo despierto en tu interior y no lo abandones. Incluso puede que te sorprendas despejando en los demás las mismas dudas y miedos que te impiden a ti tomar tu decisión. A menudo cuando los problemas se ven desde una perspectiva externa es más fácil dar con la solución que los resuelva.

4. INSPÍRATE

Leyendo libros, documentales, películas, vivencias de quien ha tomado la decisión. Imprégnate de su ilusión, deja que las emociones invadan tu cuerpo. Imagínate en el escenario que deseas. Permítete soñar con ello. Tu imaginación es tuya, tú eres dueño de ella y nadie le pone límites. Si algo hizo al ser humano evolucionar y colocarse en lo más alto de la cadena alimenticia no fue sólo porque descubriera el fuego o diseñara mejores lanzas, sino porque aprendió a usar la ficción.

La imaginación creó cosas intangibles que no existían más que en la cabeza de los humanos: mitos y leyendas, dioses, leyes, derechos humanos. Todos frutos de la ficción. No pueden tocarse, no tienen identidad. Los inventamos nosotros. Ese es el poder de la imaginación. Utiliza esta potentísima herramienta sin límites que posees para inspirarte, para encontrar nuevas estrategias. Sueña con todos esos momentos que quieres vivir, esos lugares que quieres observar, esos sonidos que deseas escuchar, ese objetivo que quieres lograr. Hazlo, y encontrarás la inspiración que te ayude a hacerlo realidad.

5. PRUÉBALO

Haz una pequeña prueba. Crea una situación similar y observa cómo reaccionas a las consecuencias y a las circunstancias. Analiza desde un punto de vista más empírico los efectos que esa decisión te depara. Si tienes la oportunidad, haz la prueba durante unos cuantos días. Nosotros antes de realizar nuestro gran viaje hicimos una prueba de 7 días (el poco tiempo libre que nos permitía nuestra agetreada vida laboral) para comprobar que todo iba bien.

Por supuesto, encontramos dificultades, pero lo importante es cómo las afrontamos. Con esta experiencia aprendimos que no habían simplemente cosas buenas y malas que pudieran suceder, sino un sinfín de matices emocionales estrechamente sujetos a cuál era nuestra actitud a la hora de afrontarlas.

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